White Lies ya es una de las bandas más familiarizadas con México. En su última visita, el grupo tocó su decimotercer y decimocuarto concierto en el país, lo que marca ya una relación estrecha con su audiencia mexicana (la cual, en sus propias palabras sigue haciéndose más grande), algo que admiten, no sucede en cualquier lugar, en especial para una banda que tiene más de 10 años tocando alrededor del mundo.
“Siempre que regresamos, tocamos en un lugar más grande que el anterior”, afirma el baterista Jack Lawrence-Brown, en una plática que acontece en un hotel de la Colonia Roma en la Ciudad de México. Con esto queda claro que no solo la banda tiene una sólida base de fans en México desde su formación en 2007, sino que cada trabajo que lanzan hace que esa audiencia crezca cada vez más. El más reciente es Night Light, álbum que lanzaron en noviembre del año pasado, en el que llevan a un punto más alto y personal todo lo que han aprendido a lo largo de su carrera, tanto de forma musical como lírica.
A lo largo de nuestra charla, el grupo, formado por el vocalista y guitarrista Harry McVeigh, el bajista y letrista Charles Cave, y Lawrence-Brown, habla sobre Night Light, sus influencias, la evolución de su trabajo y cómo se han mantenido tan prolíficos (han lanzado 7 álbumes en menos de 16 años) mientras mantienen la sinergia entre ellos.
Pregunta: ¿Cómo describirían el sonido de Night Light en comparación con sus discos anteriores, especialmente con To Lose My Life, publicado hace más de 16 años?
Charles Cave: Creo que es nuestro álbum más íntimo. Esa es la diferencia clave. To Lose My Life fue como una experiencia en pantalla panorámica, en IMAX. Este se siente más como ver una película increíble en una pantalla muy pequeña con audífonos puestos, pero de una manera muy envolvente.
Ambos son envolventes, pero en direcciones diferentes. El álbum anterior te hace sentir pequeño en un espacio grande; este hace que tu experiencia personal se sienta más grande y más importante. En realidad, no fue intencional —simplemente surgió de cómo estábamos componiendo y del hecho de que queríamos tocar juntos en vivo en el estudio.
P: ¿Era ese el único objetivo cuando entraron al estudio?
CC: En realidad, nunca tenemos un objetivo fijo. Lo primero siempre es simplemente componer buenas canciones. Una vez que las tenemos, decidimos cómo grabarlas de la forma que nos parezca más adecuada.
Jack Lawrence-Brown: Sí, y la verdad es que no sabemos cómo van a quedar las canciones antes de grabarlas. Nos dejamos llevar mucho por el instinto. No teníamos ideas fijas sobre el sonido, el equipo o la producción. Pero sí que nos pusimos de acuerdo en grabarlas en vivo; esa era la idea principal.
P: ¿Cómo fue trabajar con el productor Riley McIntyre?
HM: Es genial. Fue muy estimulante trabajar con alguien más cercano a nuestra edad, o incluso más joven.
Cuando formamos la banda, teníamos 18 o 19 años, y todos con quienes trabajábamos en ese entonces eran como figuras paternas que nos decían cómo se debían hacer las cosas. Estábamos felices de seguirles porque no sabíamos nada. Ahora se siente más como un trabajo en equipo. Podemos dirigir mejor las cosas y decir lo que queremos.
P: Muchas de las influencias de White Lies provienen de los años 80. Eso se nota aún más en Night Light. ¿Qué es lo que les inspira de esa década?
CC: Los años 80 fueron una época de abundancia, tanto económica como cultural. Los artistas contaban con los recursos necesarios para experimentar de formas que antes no eran posibles. Eso dio lugar tanto a una creatividad increíble como, en ocasiones, a ciertos excesos. Pero bandas como Talk Talk demuestran cómo esa libertad permitió una verdadera experimentación.
Hoy en día, la tecnología nos da acceso a herramientas similares —sampling, sintetizadores— pero a una fracción del costo. Así que podemos experimentar libremente sin preocuparnos tanto por el presupuesto. Esa libertad es probablemente lo que tomamos de esa época.
P: Algunas canciones también parecen tener influencias de Bruce Springsteen, sobre todo en la voz. ¿Fue algo intencional?
HM: Springsteen es una gran influencia para mí, sobre todo por su mezcla de masculinidad y vulnerabilidad. Esa franqueza emocional, que muestra defectos y fortaleza al mismo tiempo, es muy poderosa.
P: Algunos fans dicen que sus primeras canciones eran más oscuras y que sus letras se han vuelto más optimistas. ¿Están de acuerdo?
CC: No creo que se hayan vuelto más optimistas. Creo que se han vuelto menos pesadas. Al principio, usaba metáforas grandilocuentes. Con el tiempo, la escritura se ha vuelto más íntima y directa. Quizás, con el tiempo, ya no haya ninguna metáfora. También pienso mucho en cómo suenan las letras cuando se cantan, especialmente en el caso de Harry. Si no son musicales, no funcionan, aunque sean buenas sobre el papel.
P: ¿En cierta forma, creen que tocan música triste?
CC: Creo que tocamos música que, en cierto modo, celebra la idea de que está bien estar triste. No significa necesariamente que la música en sí sea triste, pero tiene un toque melancólico, como si uno se regocijara en la tristeza.
HM: No diría que nuestra música es siempre triste, pero sí es muy sincera. Es seria. Es emotiva. No se disfraza de algo divertido o irónico; supongo que somos bastante directos.
P: ¿Cómo logran mantenerse en sintonía como banda?
JL: Nos vemos mucho, y no solo por trabajo. Eso ayuda mucho. Nos conocemos desde la escuela, así que seguimos comportándonos como amigos tanto como compañeros de banda.
CC: Esa estabilidad ayuda mucho. Normalmente estamos en el mismo lugar geográficamente, así que no nos alejamos el uno del otro.
P: Aún tocan canciones de To Lose My Life después de 16 años. ¿Qué significa eso para ustedes?
CC: Nos transmite una sensación cálida y familiar. Nos conecta con nuestros orígenes y con los fans que nos descubrieron a través de esas canciones. Además, van evolucionando con el tiempo: nuevos pedales, nuevas interpretaciones e incluso pequeños cambios en la forma de tocarlas.



