Richard Nixon y el plan de los Estados Unidos en caso de fracaso del Apolo 11

A 50 años de la gesta épica del Apolo 11 y sus tripulantes, recordamos el plan de la Casa Blanca para actuar en caso de que todo saliera mal y los astronautas no pudieran volver a casa.
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Para la NASA no era ningún secreto que la reinserción en órbita del módulo lunar una vez realizado el alunizaje representaba la etapa más riesgosa de la misión, especialmente para Armstrong y Aldrin, los dos elegidos por la agencia espacial para sentar el hito más importante en la historia de la exploración del cosmos. Michael Collins, el tercer astronauta que esperaría en el módulo de mando Columbia mientras orbitaba al satélite, confesó en distintas ocasiones que antes y durante la misión estaba consciente de que un hipotético regreso a la Tierra como el único sobreviviente del Apolo 11 era una posibilidad que de cristalizarse, marcaría el curso del resto de su vida.

La tarde del 18 de julio de 1969 -mientras la misión se aproximaba a su etapa crucial- el otrora presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, recibió una carta. Se trataba de un breve manual de comunicación sobre el protocolo a seguir desde el Despacho Oval si la misión fracasaba en este punto y tanto Neil Armstrong como Buzz Aldrin, los primeros seres humanos en pisar la Luna, no lograban volver al módulo lunar para emprender el viaje de vuelta a casa.

El 25 de mayo de 1961, el presidente John F. Kennedy anunció el objetivo de enviar astronautas a la Luna antes del final de la década. Ocho años después, a las 9:32 a.m. EDT del 16 de julio de 1969, ese sueño se hizo realidad cuando los brazos oscilantes se alejaron y una nube de llamas señaló el despegue de la misión Apollo 11. Crédito: NASA.

La primera etapa de la contingencia consistía en comunicarse personalmente con las esposas de Armstrong y Aldrin para hacerles saber la noticia acompañada de las condolencias del presidente de los Estados Unidos. 

El siguiente paso (el más importante para el gobierno norteamericano) era transmitir el mensaje a los medios e informar al mundo del trágico desenlace. El anuncio no sólo daría cuenta de la sensible muerte de los astronautas, sino del fracaso parcial de la misión que posicionaba a los Estados Unidos y su sistema económico como triunfadores en la frenética carrera espacial dentro del contexto de la Guerra Fría.

 Por lo tanto, lejos de la improvisación ante la catástrofe, cada una de las palabras de Nixon estarían calculadas con antelación: la carta incluía un discurso conmovedor que debía dictar el presidente si el regreso a la Tierra culminaba en tragedia. El texto estuvo a cargo de William Safire, publicista y mano derecha de Nixon, quien solía escribir sus discursos desde 1960:

“El destino ha ordenado que los hombres que fueron a la Luna para explorarla en paz se queden en ella para descansar en paz. Estos valientes hombres, Neil Armstrong y Edwin Aldrin, saben que no hay esperanza de que sean rescatados. Pero también que en su sacrificio hay esperanza para la humanidad.

Estos dos hombres están entregando su vida en favor de la verdad y la comprensión. Serán llorados por sus familia y amigos, su nación, por la gente del mundo y la Madre Tierra, que se atrevió a enviar a dos de sus hijos a lo desconocido.

En la Antigüedad, los hombres miraban a las estrellas y veían a sus héroes en las constelaciones. En los tiempos modernos hacemos lo mismo, pero nuestros héroes son hombres épicos de carne y hueso. 

Otros seguirán sus pasos y seguramente encontrarán su camino de vuelta a casa. La búsqueda del hombre no se detendrá. Pero ellos fueron los primeros y así permanecerán en nuestros corazones. Cada ser humano que mire hacia la Luna en todas las noches por venir sabrá que existe alguna esquina en otro mundo que por siempre será parte de la humanidad”.

Finalmente, los tres integrantes del Apolo 11 cumplieron su objetivo ante la mirada de más de 650 millones de personas en una transmisión satelital sin precedentes y volvieron a la Tierra el 24 de julio de 1969. Luego de un periodo de cuarentena en busca de enfermedades potencialmente contagiosas, Aldrin, Armstrong y Collins iniciaron una gira triunfal alrededor del mundo; sin embargo, el resultado pudo haber sido completamente distinto y Nixon estaba listo para ello.

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