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¿Por qué Spider-Man es un personaje tan querido?

Al margen de los millones de dólares invertidos en Spider-Man para llevarlo al cine desde 2002 y su largo andar en cómics desde 1963, la personalidad y los conflictos de Peter Parker explican el fenómeno mediático detrás de su fama.

Además de lanzar telarañas por medio de sus cartuchos, trepar paredes, poseer fuerza, velocidad, agilidad, reflejos sobrehumanos y su característico sentido arácnido, Spider-Man sobresale del resto de superhéroes por una cualidad en común, fácilmente identificable por todos aquellos que le tienen aprecio o bien, han tenido un acercamiento con él: su imperfección humana.

Un superhéroe muy cotidiano

Ser un chico bajo los estragos de un contexto económico y social muy similar al de millones de personas en el mundo, hace que Peter Parker a.k.a. Spider-Man, tienda un vínculo muy particular con sus fans. Parker es un adolescente del barrio de Queens en Nueva York (una característica que resalta aún más Tom Holland en su actual versión cinematográfica). Un huérfano que vive con sus tíos. No es de clase alta, asiste a una escuela pública y es introvertido. Como todos, tiene intereses y conflictos amorosos comunes en función a su edad.

Su vida da un giro completo cuando una araña radioactiva lo muerde, lanzándolo a adoptar el papel de héroe sin siquiera buscarlo. Todo se transforma a su alrededor, menos el factor esencial dentro de él: sus convicciones morales.

La famosa frase Un gran poder, conlleva un gran responsabilidad repercute en lo más profundo de su constitución como individuo súper humano de acuerdo con las situaciones que antes (y después) de ser Spider-Man, atraviesan su vulnerabilidad: ser víctima de abusos escolares, la precariedad económica, las olas de ansiedad detrás de una personalidad tímida, no ser muy fuerte físicamente, frustraciones afectivas, la preocupación por apoyar a sus tíos mayores y la constante búsqueda de empleo para sostener sus estudios, la inseguridad propia de la periferia, etcétera.

Jean-Philippe Delberghe | Unsplash

Antes y después de adquirir sus poderes, Spider-Man confronta problemas cotidianos que no tienen punto de comparación con los que enfrenta Superman, Wonder Woman, Batman o Spawn, historias varios grados más apartadas de la realidad.

Además, todos los superhéroes mencionados anteriormente son adultos y simbólicamente fungen como una guía moral unívoca de qué hacer y qué no. En su lugar, Peter Parker es un chico que intenta hacer lo mejor que puede (como cualquier persona) a pesar de sus errores; un enmascarado con habilidades extraordinarias que también tiene problemas como los nuestros, que no es perfecto y no despega del plano de lo cotidiano.

Otra de las características de Spider-Man es su manera única de lidiar con las situaciones, pues aún con máscara y poderes, sigue siendo un adolescente que se enfrenta a las vicisitudes del mundo real. Ello invita a mirar las situaciones por las que Parker pasa, desde una visión distinta, con una pizca más de inocencia y  buena voluntad, e inminente equivocación.

Los dilemas morales que Spidey enfrenta como solamente un chico lo han puesto sobre la plancha de la dura realidad en la cual debe tomar la decisión correcta y desgraciadamente no siempre sale todo bien. Pero a pesar de ello, siempre trata de construir el mejor escenario posible en beneficio de la mayoría.

Spider-Man: una doble identidad y un espíritu inquebrantable

Peter Parker y Spider-Man son dos personas diferentes en apariencia; sin embargo, el sentido moral del adolescente trasciende el traje y la máscara cuando de situaciones apremiantes se trata.

Y a pesar de su coherencia, plasmada en los principios de ayudar a los demás a como dé lugar, proteger al más débil y ser (dentro de los dilemas morales que enfrenta) lo más justo posible, la imposibilidad de llevar en armonía su doble identidad es un conflicto que lo persigue de forma permanente. Un ir y venir entre familia, intereses amorosos y la forma en que relaciona su vida personal con el deber ser de un superhéroe.

Es ahí donde los errores aparecen. Spider-Man también se equivoca y los resultados desafortunadamente derivan en la muerte de algún ser querido como lo fue Gwen Stacy o la Tía May en los cómics. Entonces la frase del Tío Ben resuena como un horizonte de sentido para no perder de vista su espíritu, lo que lo hace ser quien es.

A pesar de todos los golpes que la vida le da tanto a Peter Parker como a Spider-Man, el superhéroe los recibe, los abraza, se deja derrumbar por ellos, pero nunca se queda en el suelo, sino que busca la manera de seguir adelante aprehendiendo la lección que recibió. Ese ímpetu por continuar es lo que hace a Spider-Man uno solo con Peter Parker y  sus seguidores.

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