2 de octubre

2 de Octubre de 1968: Interdependencias y Estética

El 2 de octubre de 1968 fue parte de un movimiento social donde la juventud mexicana cuestionó las condiciones políticas, sociales e históricas. Ésta fue su gráfica.

El proceder intelectual-idealista del ser humano produce en lo cotidiano-práctico (y viceversa, en una especie de dialéctica) infinitas posibilidades que pueden transformarse en eventos trascendentales que configuran las biografías de los individuos, amplían o modifican sistemas y por lo tanto cambian estructuras (mejor conocidas coloquialmente en su singular como status quo). El 2 de Octubre de 1968 es reflejo de esto.

Para efectos más digeribles, ni siquiera se debería apelar a la explicación del tan famoso efecto mariposa con tal de hablar sobre fenómenos sociales, pues se perdería la rigurosidad de tan complejo entramado de relaciones. Dos conceptos fundamentales que ayudarán a entender el trazo histórico que desembocó en aquella terrible matanza de más de 400 estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas y sus consecuencias: Interdependencia y Estética.

La política de la posguerra donde la asimetría para con los países de Europa del Este como Praga, Hungría y Polonia a manos de Rusia; en África con Argelia subsumido a Francia; y en Asia con Vietnam intervenido por EEUU; añadiendo al Caribe el conflicto de los misiles en Cuba (y su póstuma revolución), se vio interrumpida por las sublevaciones de los habitantes de dichos países, derivado tanto de la confrontación con las potencias como de su retiro de los territorios.

carteles del 68
Granaderos ’68, 1968. Serigrafía sobre papel. 24 x 28.5 cm. Colección Museo Universitario Arte Contemporáneo, UNAM. Donación Arnulfo Aquino, 2002.

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Estas confrontaciones bélicas por resistir de los países colonizados e intervenidos resonaron en las juventudes de los países potencia como Francia y Estados Unidos, dando la oportunidad de cuestionar al establishment en sus distintas dimensiones: desde lo político hasta lo sexual, acentuadas en manifestaciones artísticas principalmente, más allá de la acción directa cotidiana como las manifestaciones.

La razón de uso del concepto interdependencia es para remarcar cómo los grandes fenómenos sociales se pueden rastrear históricamente, son de larga duración, no aislados (si tomamos en cuenta que la historicidad del 68 parte desde la consumación de la II Guerra Mundial y ésta misma tuvo sus antecedentes históricos por igual) y son constituidos por otros factores que los dotan del sentido con el que cargan.

La manera en la que se articulan los fenómenos a partir de otros eventos que los direccionan de una manera y no de otra, que aumentan o disminuyen las acciones de los individuos (de nuevo, en un proceso dialéctico) y poco a poco conforman lo social, histórico y cultural es la manera en la que funciona la interdependencia, tal como lo enuncia Norbert Elias (2015).

La posibilidad en la política de lo estético

2 octubre 1968
Foto: Héctor Gallardo / Wikimedia

El 2 de octubre fue un movimiento interdependiente al contexto mundial e inmediato-nacional, donde los jóvenes estudiantes de la Ciudad de México tomaron la iniciativa de cuestionar las condiciones políticas y sociales que los atravesaban.

Lo que se produjo de aquel cúmulo de ideas y afectos fue una cantidad enorme de gráfica artística que encaraba a la violencia policial, visibilizaba el aletargado y estigmatizador sistema político mexicano, y alentaba a las consciencias de unirse al movimiento o, al menos, reflexionar el contexto al que aclamaban tanto los estudiantes.

Octavio Paz, Carlos Monsiváis, José Luis Cuevas, Manuel Felguérez, Francisco Icaza, Ricardo Rocha, Luis Urías, Vicente Rojo, Kazuya Sakai, Raquel Tibol, Alejandro Jodorowsky, Óscar Menéndez, Arnulfo Aquino, Melecio Galván, Eduardo Garduño, Rebeca Hidalgo, Silvia Paz Paredes y Jorge Pérez Vega, estos 6 últimos integrantes del Grupo Mira. Cineastas, escritores, escultores y pintores. Toda una maquinaria de producción artística comprometida políticamente con el movimiento del 2 de octubre.

Aquí yacía la posibilidad de desencadenar a partir de la receptividad de los sentidos el compromiso histórico y político de aquellos artistas involucrados y por involucrar, de aquellos ciudadanos que estaban atentos a los acontecimientos de aquel año 1968. Eso es arte comprometido (Adorno, 1994); aquél que busca poner sobre la mesa la reivindicación de la justicia social.

Pero ¿qué comprometía la producción gráfica artística de aquel 2 de octubre?

Comprometía la posibilidad de perpetuar en la memoria histórica y política de la sociedad los eventos de injusticia y la lucha de los jóvenes. Aquí es donde se apela a la estética como concepto. La estética y lo estético (Kant, 2015) es todo aquello compuesto a partir de y recibido con los sentidos; es todo aquello que con los sentidos se hace presente, conmueve e impacta.

Todo yace en la sensibilidad que los sentidos dotan al ser humano como aquella posibilidad de trasmitir y recibir aquello que se ha producido con una intención, que en el caso del 68 contenía una potencia histórica y política. La movilización de los talleres y escuelas artísticas como la Academia de San Carlos y la Esmeralda, los colectivos que se crearon como Grupo Mira, proporcionaron una cantidad de material artístico que dejó huella en la sensibilidad o, mejor dicho, en la estética de la historia política y social de aquel México del siglo XX.

2 octubre 1968 carteles
JORGE PÉREZ VEGA, 1968 año de la prensa vendida, 1968. Cartel. Grabado en relieve sobre linóleo sobre papel. 39 x 22 cm. Colección Museo Universitario Arte Contemporáneo, UNAM Donación Arnulfo Aquino, 2002.

¿Qué fue la gráfica del 68?

Las marchas con aquellas intervenciones artísticas cargadas en las pancartas, mantas y esparcidas por doquier con los esténciles realizaron un reparto de lo sensible (Rancière, 2000), donde se hacían visibles las contradicciones por las cuales se alzaba la voz. Una gráfica artística emergente y de libre acceso que acaparó el espacio público fue lo que caracterizó el arte del movimiento del 2 de Octubre, con técnicas serigrafía, esténciles y stickers; retomando el arte pop de los 60´s pero politizado.

Paloma Picassiana distintiva del movimiento del 2 de octubre.
Jesús Martínez, Sin título [Paloma de la paz atravesada por una bayoneta], 1968. Pancarta. Esténcil y gouache sobre cartón 71 × 48.5 cm, Colección Museo Universitario Arte Contemporáneo, UNAM Donación Arnulfo Aquino, 2002.
La disputa a través de la gráfica del 68 fue emergente, fácil de reproducir y popular mientras  jugaba con el simbolismo discursivo del Estado mexicano al acaparar el espacio público en cada marcha, en cada rincón y en cada cuerpo que lo portara, como sucedió con la apropiación del logotipo de las Olimpiadas México 68, la imagen del presidente Díaz Ordaz satirizándolo, así como al cuerpo de granaderos, la V de victoria y la paloma picassiana.

Sátira de granaderos y Díaz Ordaz
Francisco Becerril, Exigimos deslinde de responsabilidades, 1968. Cartel. Serigrafía sobre papel 95 × 70.3 cm, Colección Museo Universitario Arte Contemporáneo, UNAM Donación Arnulfo Aquino, 2002.

Ésa es la dimensión estética de lo político cuando de arte se trata: hacer sensible lo que sucede, disputar el discurso a partir de lo simbólico, que en aquel movimiento del 2 de octubre sucedió a partir de la gráfica artística.

Nada de lo producido en aquel año pasó desapercibido, pues ahora ha quedado condensado en la memoria histórica de las y los mexicanos, continuando con ese proceso interdependiente, estético y popular.

Consigna solidaria del 2 de octubre.
Jesús Martínez, Unidos…, … Adelante, CNH, 1968. Pega. Serigrafía sobre papel 5×13.9 cm, Colección Museo Universitario Arte Contemporáneo, UNAM Donación Arnulfo Aquino, 2002.

 

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