Si algo tiene el arte contemporáneo es una capacidad enorme para hacernos sentir confundidos, asfixiados, cuestionados y hasta estafados. Aptitud que se debe en muy buena medida a las exigencias que las prácticas estéticas sostienen a la fecha, pero que también parten de los prejuicios y suposiciones —a veces hasta sesgos— que hemos heredado en términos de cultura.
Entrar a un museo y pensar con el ceño bien fruncido «¡Esto lo pudo haber hecho mi sobrino de cuatro años!» o «¿Por qué estoy viendo un montículo de cachibaches en medio de esta sala?» no es para nada accidental. Por años y años se nos dijo que el arte era una suma —casi exacta— de técnica, maestría en materiales, uso preciso de herramientas, dominio en perspectiva, control, orden, exactitud anatómica (o estructural) y, sobre todo, belleza. Pero ahora las cosas son muy distintas. ¿Y eso está mal? ¿Hay algo de equivocado en ello?
En realidad, no. El arte contemporáneo –como muchos de los movimientos que le preceden— significa una ruptura y un desafío hacia los cánones clásicos, centrándose en experiencias y lecturas subjetivas que, la mayoría de las veces, requieren de contexto y hasta bibliografía. ¿Esto está mal? Ciertamente, no. Se trata de un proceso que se ha vivido con otros ejercicios artísticos a lo largo de la historia. Y si lo pensamos bien, esto es lo que vivieron personajes como Monet al ser rechazado por el Salón de París en 1872. Junto a él, en el banquillo de los incomprendidos, podemos hallar a Van Gogh, Dalí, Rufino Tamayo, María Izquierdo y hasta el mismísimo Caravaggio. Puros nombres que al distanciarse de lo establecido sólo ganaron el repudio, la mofa y la confusión de sus coetáneos.
Aunque cierto es que el arte contemporáneo puede ser más difícil de observar, digerir y asimilar. ¿Recuerdas que más arriba decíamos que justamente se trata de un escenario que nos exige demasiado como público? Pues sí. Nos demanda estar atentos a la historia —humana y del arte—, a ser testigos reflexivos de los acontecimientos sociopolíticos más relevantes del presente, a leer teoría e incluso filosofía, y a pensar y repensar sobre lo que acabamos de mirar.
Todo lo anterior, es entendible, que nos haga preguntarnos entonces: «¿Yo por qué necesito estudiar tanto para poder apreciar un cuadro, una escultura o incluso un video?». Pero partamos de dos cosas simples para responder. Primero, estás aquí leyendo estas líneas; así que ya de por sí te interesa el tema. Y segundo, las artes no necesariamente son entretenimiento ni ocio, son más bien una expresión de lo humano que nos invita a razonar. Acercarte al arte puede o no ser un pasatiempo divertido, pero aquí partimos del hecho de que es algo más profundo.
¿Qué es el arte contemporáneo?

Un tipo de arte que se desarrolla hoy en todo el mundo desde finales del siglo XX. Se caracteriza por estilos innovadores, enfoques experimentales y desafíos a las ideas tradicionales sobre lo que debería ser (o no) el arte. A menudo, se le considera una práctica más centrada en el proceso de creación artística y sus ideas o reflexiones que en el producto final.
El arte contemporáneo, puntualmente, se caracteriza por no tener un estilo único o un carácter unificador, centrándose más bien en perspectivas diversas, globales y de nuevos ensayos técnicos. A menudo abordando temas como la identidad, la crítica social y la ontología del mismo arte.
¿Por qué el arte contemporáneo es tan difícil de entender?

Como ya lo mencionamos, este tipo de arte no se rige por las reglas ni las convenciones tradicionales; nos pide y exhorta a pensar fuera de los moldes, y a no temer frente a nuevas ideas o asuntos controversiales.
Al respecto, en esto influye:
_ Nuestra sujeción al arte figurativo, haciéndonos sentir incómodos y perdidos frente a una obra que no es lo que parece o que no apela a habilidades técnicas ni bellezas formales.
_ Los prejuicios en torno al control y la perfección que por tanto tiempo nos dijeron que eran fundamentales en el arte, siendo la pintura y la escultura los terrenos supremos para demostrar esos rasgos de excelencia.
_ El vértigo que ocasionan las interpretaciones abiertas, solicitando en muchas ocasiones que leamos o investiguemos sobre lo que ha provocado a determinada obra.
_ Evidentemente, las ferias actuales y muchas malas curadurías del presente —en galerías o espacios que sólo buscan la notoriedad— abonan al hecho de sentir que el arte contemporáneo no es más que letreros neón, objetos que se hacen llamar «encontrados» y «descontextualizan el espacio», calaveras adornadas como bola disco, varillas y llantas. Y sí, mucho hay de eso. Pero existe también mucho arte contemporáneo que (lejos de la pintura, el grabado y el dibujo) aporta en discusiones sociales, políticas y estéticas; no sólo se vende por miles de dólares a través de una galería cuyos textos curatoriales parecen hechos con ChatGPT. Y para eso, hay que informarse y saber cómo entrar a esta conversación; sólo así podemos discernir entre las obras que valen la pena y los viles chistes canalla del mercado.
¿Cómo ver y entender el arte contemporáneo?

En estas líneas, algunos consejos básicos que te guiarán como principiante en este mundo.
Familiarízate con la obra del artista
Intenta aprender sobre su historia, influencias y motivaciones. Una vez que lo comprendas mejor, probablemente podrás tomar una postura más sólida frente a su producción.
Observa con atención
En otras palabras, no te limites a mirarla; estúdiala con atención e intenta apreciar todos los detalles. Presta atención a los colores, las formas y las texturas. Si no hay nada allí, tampoco te obsesiones.
Sé paciente
Dale unos minutos a la obra, no sólo pases de largo pensando que no tiene nada qué aportar.
Confía en tu intuición
Evidentemente, los textos curatoriales y los statements de los artistas cuentan y dan información; no obstante, tu reacción visceral es muy válida y son un punto de arranque para saber si estás frente a un trabajo, artista o tema que puede ser de tu interés.
Acepta la variedad
No desestimes piezas o instalaciones sólo porque sí. Especialmente, si te cuesta creer que un video, un objeto o una hoja de archivo sean arte. Da una oportunidad.

Piensa en cómo te hace sentir
¿Te hace feliz? Te provoca tristeza, enojo, quizás algo más? No hay una respuesta correcta o incorrecta; sin embargo, comprender tu reacción ante la pieza puede ayudarte a apreciarla de otras formas.
Habla con alguien más sobre la obra
Si después de un rato aún te cuesta comprenderla o apreciarla, habla con alguien familiarizado con el arte contemporáneo. Esto puede ser útil y quizá te aporte información que no habías considerado antes. Si de plano no, tampoco lo fuerces; hay una línea muy delgada entre querer entender y querer justificar que puede caer en lo pretencioso. Si no hay más, no hay más.
No copies opiniones
Que alguien lleve quince minutos frente a una obra de arte —sobre todo en una feria— y diga «¡Oh, qué increíble, cuánta fuerza en su mensaje!» no quiere decir que la pieza sea buena. Tampoco aplica para el caso contrario. Necesitas crear un juicio propio.
Lee y cultívate
Investiga quiénes son los artistas que hoy están triunfando en exposiciones individuales y bienales, quiénes son los curadores reconocidos del presente, cuáles son los temas que están tratando, qué aportaciones se les reconocen en el mundo del arte y cuáles son sus obras más famosas. Esto te dará un norte como ninguno.
—
Recuerda, el objetivo último del arte contemporáneo es experimentarlo y entrar en diálogo con él, siendo partícipes del momento que vivimos, advirtiendo las múltiples realidades que nos rodean. Se trata de conectar con una práctica que nos hace pensar este mundo, no sólo de apreciar algo que «es bonito». Si queremos decoraciones podemos ir a cualquier tienda departamental.