Sinners es una película dirigida por Ryan Coogler y protagonizada por Michael B. Jordan. Ambientada en 1932, cuenta la historia de un par de gemelos idénticos que regresan a su pueblo natal para tratar de iniciar de nuevo abriendo un nuevo negocio.
La película se desarrolla en el sur de Estados Unidos durante la era de segregación de Jim Crow, una serie de leyes estatales y locales que bajo el lema “separados pero iguales”, sistematizó y normalizó las desventajas económicas, sociales y políticas de todos los grupos étnicos no blancos, especialmente a las personas afrodescendientes. El filme usa el género de terror y los vampiros como un dispositivo. Es una metáfora para hablar del supremacismo blanco, el racismo y el colonialismo.
En Sinners aparece la narrativa del pecado como una herramienta de disciplinamiento colonial. Declarar “maldito” aquello que escapa al orden cristiano permitió justificar la violencia material y simbólica contra comunidades enteras. Asimismo, reivindica los rituales ancestrales afrodescendientes como espacios de memoria, comunidad y resistencia. El blues, el jazz, el rock and roll y el hip hop no aparecen como simples géneros musicales, sino como prolongaciones de prácticas espirituales que históricamente han sido demonizadas. Aquello que para la mirada moderna y blanca es “ruido”, “exceso” o “pecado”, es en realidad archivo vivo de lo sagrado; sin embargo, también, hace una crítica a cómo la cultura afrodescendiente, especialmente su música, ha sido explotada por la cultura blanca sin el debido reconocimiento o respeto.
Por una parte, la estigmatización de estas expresiones culturales no es moral: es racial. Y por otra, es asimilable, capitalizable y apropiable, siempre y cuando sea para consumo.
A través de los rituales, las creencias y la música afroamericana —frecuentemente etiquetadas por Occidente como “paganas”— se construye una narrativa sobre la resistencia cultural frente a la violencia material y simbólica de la colonización, son espacios de disputa identitaria. Por tanto, la religión católica aparece como instrumento de imposición: no sólo se colonizan territorios, sino imaginarios, cuerpos y espiritualidades.
El papel del KKK es explícito: la aniquilación de la otredad racializada. Pero la película también sugiere algo más complejo, algo que recuerda a Frantz Fanon: cómo muchas veces el sujeto colonizado puede terminar interiorizando y reproduciendo el sistema que lo subordina, aceptando símbolos y valores que no le pertenecen como la religión.
Aunque los protagonistas sean dos hombres negros con capital económico y simbólico, el que la historia se desarrolle en un plantío de algodón no es casual. Es un recordatorio constante de que, como diría Pierre Bourdieu, el que estos personajes tengan estos capitales no hace que escapen de la estructura racializada a la que pertenecen. El supuesto orden racial establecido por la supremacía blanca marca límites simbólicos que parecen inquebrantables.
El usar monstruos clásicos para hacer metáforas políticas no es algo nuevo. En Haití, el término zombie sirvió para llamarle a los esclavos, cuya tesis principal era dejar en claro que eran cuerpos despojados de su esencia y minimizado a su función productiva, el término es desplazado a la literatura y retomado por el cine temprano para continuar como metáfora del cuerpo racializado, esclavizado, sin voluntad, sin vínculos y sin identidad.
Sinners hace algo similar, desplaza la tensión hacia otra figura: el vampiro como sujeto transformado por la violencia racial y religiosa. No es el colonizador quien encarna el monstruo, sino el cuerpo que ha sido atravesado por un sistema que lo obliga a mutar para sobrevivir. En ese sentido, el terror no radica en la criatura, sino en la estructura que la produce
El mensaje de Sinners es muy importante para un momento histórico como el que se está viviendo actualmente, dónde las políticas y discursos de odio raciales están más latentes que nunca.
El horror no es lo sobrenatural.
Es la estructura que convierte lo ancestral en pecado y lo racial en monstruoso.
¿Dónde ver Sinners?
En México, la película nominada a 16 premios Oscar se puede ver a través de HBO Max incluida en el plan básico o bien, está disponible para rentar a través de Apple TV+ y Amazon Prime Video.



