Como ante todo intento por frenar al narcotráfico en México, quedan y caben más las dudas, las inquietudes y —definitivamente— los miedos, que las verdades y las certezas. Tras un suceso como la muerte de «El Mencho» que ha marcado este 2026 al devenir del crimen organizado en nuestro país y las maneras en cómo la ciudadanía común intenta seguir con la vida pública, al mismo tiempo que asimila las imágenes y narrativas que deja a su paso cualquier acción que involucra al negocio sucio, las interrogantes no se hacen esperar.
¿Fue el asesinato de un personaje como el líder del CJNG una decisión efectiva para el cese del tráfico de drogas? ¿Alguna vez este tipo de operaciones ha dejado una consecuencia positiva? ¿Es esto un error de la política izquierdista? ¿Nunca ningún partido de derecha ha intentado algo semejante? ¿Ha sido esta acción un subyugo a las condicionantes estadounidenses? ¿Cómo se puede entonces ensayar la pacificación de nuestro país en los parangones del narco?
Contexto, hoy
Para todas y cada una de estas preguntas existen precedentes importantes a considerar. En especial, para considerar puntualmente que la eliminación de un líder del narco no detiene a este negocio; de hecho, la evidencia de acciones similares en el pasado demuestra que los escenarios de violencia se mantienen y hasta aumentan significativamente —debido a disputas de sucesión, fragmentaciones y nuevos conflictos territoriales—. También para comprender que sin una política clara y práctica en torno a las drogas en México poco se puede alcanzar en cuanto a la contención de los cárteles. Leyes y planes estratégicos que, de hecho, siempre se tienen que diseñar en conjunto con los países que más consumen este tipo de productos —ejem, ejem, Estados Unidos—.
Sobre todo, porque este comercio se basa, primero, en una demanda enorme; y después, en un modelo de economía ultracapitalista que ejemplifica muy, pero muy bien sus carácter lucrativo en la gran cadena de acumulación.
Para entenderlo con mayor claridad…
¿Cuáles son los antecedentes y momentos más importantes del combate contra el narcotráfico en México?

Distintas maneras de definir el problema de las drogas y las estrategias gubernamentales para atenderlo han marcado una compleja trayectoria institucional, social y hasta identitaria en la historia de nuestro país. La llamada guerra contra el narco no es algo nuevo precisamente, y aquí tenemos los puntos más importantes en su amplio relato para entender dónde estamos parados hoy.
1. Estados Unidos siempre ha jugado un papel paradigmático
La historia del combate contra el narcotráfico en México tiene sus raíces en las primeras décadas del siglo XX, cuando en 1916, Venustiano Carranza —jefe del ejército constitucionalista— estableció las primeras políticas en contra del tráfico de opio hacia el mercado norteamericano a través de la frontera de Baja California Norte. Una geografía que ya desde entonces ostentaba un rol fundamental de consumo para el negocio de las adicciones.
2. Un México vanguardista en torno a las políticas de la droga
Durante la administración de Lázaro Cárdenas, en la década de los 30, el doctor Leopoldo Salazar Viniegra, quien presidía la Dirección de Toxicomanías, logró que varias drogas fueran legales con la intención de tratar a los consumidores como enfermos y no como criminales, un enfoque novedoso y exigido en el presente por organizaciones de derechos humanos internacionales y organismos como la OMS.
Sin embargo, ésta fue una práctica que no agradó a funcionarios de Estados Unidos, quienes emprendieron una campaña de desprestigio en foros internacionales en contra de las investigaciones realizadas por México, ejerciendo también presión para que nuestro país optara por una política que enfatizara la prohibición y criminalización de las drogas como «vía segura».
3. Operación Cóndor
Entre 1975 y 1976, el gobierno mexicano impulsado por la política estadounidense de guerra contra las drogas puso en marcha la Operación Cóndor con el respaldo de los Estados Unidos. Se trató de una de las primeras en contra del narcotráfico, buscando erradicar los cultivos por medio del uso de herbicidas de forma masiva contra los plantíos de marihuana y amapola en la región de Sinaloa. Una operación que involucró, especialmente en nuestros países vecinos del sur, vigilancia, detención, tortura, violación y desaparición de personas (consideradas por dichos regímenes) como «subversivas» al orden.
Nota: esto plantó en México una guerra permanente contra la producción y distribución de drogas desde entonces.

4. El crecimiento de los grupos delictivos durante los años ochenta
Para este momento de la historia, los grupos dedicados al narcotráfico comenzaron a crecer y a ganar un mayor poder, así como capacidad operativa, gestando los primeros cárteles de la droga en México. Mismos que empezaron a entablar relaciones con otras células criminales del continente. Para entonces, el gobierno estadounidense —Ronald Reagan— ejerció una mayor presión — a través incluso de chantajes económicos— sobre México para llevar a cabo acciones contundentes.
5. El asesinato de Enrique Camarena
Para mediados de los 80, la colaboración entre las autoridades mexicanas y la agencia de investigación norteamericana de la Administración de Control de Drogas —DEA, por sus siglas en inglés— se intensificaba.
Nota: esto también acentuó las críticas hacia el intervencionismo estadounidense en México.
Así, nació uno de los problemas más duros en esta cooperación bilateral: el asesinato del agente especial de la DEA Enrique Camarena, el 9 de febrero de 1985. Acontecimiento que suscitó fuertes acusaciones por parte de los Estados Unidos hacia nuestra país, mediante la misma DEA y la CIA. En su denuncia sostenían que existía «una clara vinculación de las autoridades gubernamentales con el narcotráfico» y que, por lo tanto, existía una fuerte corrupción mexicana; aunque reconocían igualmente el compromiso de México en combatir la producción y distribución ilegal de drogas, así como en la investigación y procesamiento de los culpables del asesinato del agente de la DEA.

6. Vicente Fox y su intento de 2006
Durante el sexenio de Vicente Fox se intentó redireccionar ligeramente la política de drogas en el país, discutiéndose en el Congreso de la Unión una iniciativa de ley propuesta por el mismo presidente para la descriminalización de la posesión de pequeñas cantidades de sustancias. Aunque no contaba con mayoría en ninguna de las cámaras legislativas para ese entonces, la propuesta de ley fue aprobada tanto por la Cámara de Diputados como por la de Senadores al final de su mandato, pero no promulgada.
7. Calderón y la guerra contra el narcotráfico
Uno de los episodios más sanguinarios y catastróficos en la historia de México. Cuando menos, de la contemporánea. Con una imagen desgastada y carente de legitimidad, según expertos, Felipe Calderón recurrió a la guerra contra el narcotráfico para mejorar su percepción y hasta sus niveles de aprobación. Independientemente de ello, las inconsistencias del plan son innegables y sus funestos resultados una evidencia de lo perjudicial que el enfrentamiento con la delincuencia organizada puede ser.
El 11 de diciembre de 2006 se dio a conocer la Operación Conjunta Michoacán. Para muchos, la fecha en que inició formalmente la guerra contra el narco. Éste tomó por sorpresa a los cárteles de la región y en el primer año se redujeron los índices de violencia y delincuencia. Sin embargo, en años siguientes, los operativos no resultaron tan exitosos como el primero. Y los diferentes cárteles comenzaron una batalla frontal contra el Estado, desencadenando una ola monumental de violencia en el país. Aquí nació el conflicto armado que delinea el presente de México y con él, las tácticas y horrores del narcotráfico: los narcobloqueos, las imágenes de autos ardiendo bloqueando avenidas y carreteras, las narcomantas, los levantados, los restos de rivales colgados de un puente, las fosas comunes y la crisis de los desaparecidos.
Al final del sexenio, según investigaciones, la cifra de muertos giró alrededor de 100 mil personas y 30 mil desaparecidos.
8. El origen del Cártel Jalisco Nueva Generación
La génesis de este grupo es uno de los ejemplos claros de cómo la desaparición de los grandes líderes del narco no frena el desarrollo de este necrocapitalismo. Tras la muerte de Ignacio Coronel, operador histórico del Cártel de Sinaloa, y la captura de Orlando Nava Valencia, alias “El Lobo”, líder del Cártel del Milenio, en 2010 —durante la guerra de Calderón— el territorio se encontraba vacío. En la búsqueda de una nueva facción que gobernara este prolífico negocio, una banda delictiva que terminó por imponerse. Dicho grupo se autonombró CJNG; que cabe señalar, no se llama así por una cohorte de personas compartiendo determinada temporalidad, sino porque este colectivo expandió su comercio hacia el terreno de una nueva generación de drogas —más allá de la marihuana y otros clásicos—.
9. EPN y el nuevo orden
El principal logro mediático y estratégico durante el sexenio de Peña Nieto fue la captura de 110 de los 122 capos mayores al inicio de su administración. Destacan la (re)aprehensión de Joaquín «El Chapo» Guzmán, la caída de Omar Treviño Morales «El Z-42», de Los Zetas, y Servando Gómez Martínez «La Tuta», de Los Caballeros Templarios.
Este movimiento provocó que los cárteles configurados hasta entonces se fragmentaran, generando nuevos regímenes de violencia y nuevas células que dieron paso a otros grupos delictivos.

10. Ideología actual
Si bien las soluciones brindadas por las autoridades mexicanas —presionadas por una política estadounidense de guerra contra las drogas— no se enfocaron en sanar el problema social de la desigualdad de raíz, sino en la persecución y detención de criminales puntuales para «terminar con los negocios», la ideología de la presidencia actual —en torno a una atención a las causas— ¿es potencialmente eficaz? ¿No esconde en su planteamiento un marco racial-clasista? ¿No ha sido una promesa quebrada con una acción como la captura de «El Mencho» en 2026?
Pero al mismo tiempo, ¿qué otra acción se podía hacer? ¿Es deseable o no que el gobierno intervenga de esta manera frente al narcotráfico en México? ¿Nos burlamos de una política basada en «Abrazos, no balazos», pero reprobamos el hecho de que se hayan acabado los cariños? ¿Nos alegra la ironía de todo esto? ¿Cómo hacemos que nuestros argumentos se sostengan y sean coherentes entre sí?
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La tarea sigue. Para quienes nos gobiernan, para quienes seguimos entendiendo qué pasa con el suelo que pisamos.
