Green Day no era una banda “política”. Durante los primeros años de su historia, el trío de Oakland, California, interpretaba canciones sobre los achaques de la adolescencia, relaciones complicadas, drogas y el rencor que desarrollaron hacia la comunidad punk de la costa oeste tras ser expulsados por convertirse en una banda mainstream. No fue sino hasta su cuarto álbum de estudio, Warning, que comenzaron a desarrollar una fuerte rebeldía hacia el establishment, nacida de una preocupación ante la posible llegada de un gobierno que no representaba sus ideales, lo que eventualmente sucedió.
En el año 2000, justo cuando Warning fue lanzado, el demócrata Bill Clinton era presidente de Estados Unidos. De su mandato, se recuerda principalmente una controversia en particular: el caso Monica Lewinsky, un escándalo sexual que explotó en 1998 cuando se reveló que el presidente había estado involucrado con la entonces practicante de la Casa Blanca —mucho menor que él— en una relación de tres años. La polémica parece menor si se compara con todas las que ahora inundan al republicano Donald Trump, acusado de corrupción, racismo y crímenes sexuales contra menores, y es un ejemplo claro de cómo ha cambiado la política estadounidense en más de 25 años. Durante el periodo en el que la banda trabajaba en Warning, se llevaban a cabo las campañas presidenciales para la elección del 2000. El vicepresidente de Clinton, Al Gore fue el candidato demócrata mientras que George W. Bush fue elegido para representar a los republicanos, siguiendo los pasos de su padre George H. W. Bush, quien fungió como presidente de 1989 a 1993, recordado principalmente por la invasión de Estados Unidos a Panamá y la guerra del Golfo.
Al tener un recuerdo de esa presidencia, Billie Joe Armstrong (vocalista y letrista), estaba preocupado de que Al Gore perdiera las elecciones y que Estados Unidos de nuevo se encaminara hacia políticas similares a las de Bush padre y Ronald Reagan, su predecesor, cuyo estilo de gobierno aún influye en los republicanos. Como forma de expresarse escribió Minority, un himno hacia los marginalizados cuyas primeras líneas dicen “Quiero ser la minoría/ No necesito tu autoridad/ Abajo la ‘mayoría moral’”. La “moral majority” de la que habla fue una organización fundada en 1979 por líderes conservadores que buscaban impulsar los valores de la derecha cristiana en Estados Unidos, y que movilizó a los votantes religiosos a apoyar a Ronald Reagan además de impulsar la oposición al aborto, a los derechos gays a través de su agenda “pro-familia” y “pro-valores estadounidenses”.
Desde su juventud, Armstrong se identificó como bisexual y comenzó a involucrarse en la escena punk de California, conocida por su diversidad e ideología anti-establishment, así que sus preocupaciones por un gobierno vinculado a ideologías conservadoras cristianas eran válidas. En Minority, juega con el juramento a la bandera estadounidense y expresa un sentido de libertad frente a lo que podría ser un liderazgo represor.
La canción no solo fue uno de sus primeros acercamientos a la música de protesta, sino que irónicamente también mostraba un lado más suave de Green Day. Con guitarras acústicas y un sonido que ahora podría describirse como “folk punk”, marcó un alejamiento del sonido más crudo que durante casi una década definió a la banda. Armstrong acreditó a Bob Dylan —cuyas canciones de protesta tuvieron un papel clave en el movimiento de los derechos civiles en los 60’s— como su influencia principal para ese cambio, y es posible que también se haya inspirado en sus canciones para enfocarse en la política.
Al final, los temores de Armstrong se hicieron realidad. En una de las elecciones más cerradas en la historia del país, Al Gore ganó el voto popular, pero el colegio electoral le dio la victoria absoluta a George W. Bush. Warning, tema que le da nombre al álbum, fue lanzada como sencillo después de los comicios con un mensaje claro: “Cuestiona todo, o cállate y sé víctima de la autoridad”.
American Idiot
Cuatro años después de Warning, Green Day lanzó el trabajo que redefiniría su identidad y catalogaría a la banda como un acto político: American Idiot. Para ese punto, Bush estaba en el tercer año de su presidencia y Estados Unidos pasaba por una transformación absoluta que fue acelerada por los ataques del 11 de septiembre de 2001, llevados a cabo por la organización terrorista al-Qaeda en las Torres Gemelas de Nueva York. El país entró a una guerra con Afganistán e Irak, a pesar de que ese país no estuvo involucrado directamente en los ataques, lo que impulsó múltiples protestas a lo largo del país en contra de cualquier acción militar en el Medio Oriente.
American Idiot no llegó como un álbum convencional, sino como un trabajo conceptual que contaba una historia a través de 13 tracks con esos Estados Unidos de trasfondo. Con una madurez no vista hasta ese momento en la banda, Armstrong creó a un protagonista llamado Jesus de los Suburbios, una especie de anti-héroe desilusionado, mientras intenta encontrar su identidad en medio del caos político de su país. Basta revisar la canción que le da título al álbum para entender la crítica directa al gobierno y la guerra (“Bienvenidos a un nuevo tipo de tensión”), a los medios de comunicación (“Una nación controlada por los medios/ La era de la información de la histeria”), y al egocentrismo republicano (“No soy parte de la agenda redneck” ,como se le llama a los conservadores de Estados Unidos rural).
Holiday, tercer tema del disco, es probablemente la canción de protesta más fuerte que ha creado la banda en su historia. Usando a su protagonista, Billie Joe hace una crítica de la guerra en Irak pintando una imagen apocalíptica del mundo (“Escucha el ruido de la lluvia/ Bajando como una flama del Armagedón”), a la vez que describe las políticas de la época como quitar las armas nucleares de naciones enemigas, bombardear ciudades llenas de inocentes y asesinar a cualquiera que no esté de acuerdo.
En conjunto, el disco fue aclamado por la crítica y le dio una nueva vida a la banda, mientras le devolvían el significado punk al pop punk, separándose así de otros grupos de la época. Sus presentaciones en vivo se convirtieron en una especie de rallys antibélicos y las canciones le dieron voz a aquellos que lo necesitaban en un tiempo en el que resultaba difícil encontrar una identidad dentro de la propaganda del gobierno y el respaldo que le daban los medios de comunicación.
21st Century Breakdown
A American Idiot le siguió 21st Century Breakdown, una especie de continuación temática en el que exploraban más a fondo las posibilidades de una narrativa en un álbum conceptual. Aunque no fue tan aclamado por la crítica, la banda también exploró nuevos horizontes musicales con influencia de Bruce Springsteen, creando su propia versión del orgullo estadounidense. Sin embargo, el trabajo llegó demasiado tarde para el contexto político del momento. En 2009, año en que fue lanzado, el demócrata Barack Obama asumió la presidencia, trayendo consigo una ola de esperanza para el país, o al menos para aquellos que se posicionaban en contra de las políticas republicanas durante los 8 años anteriores. En cierta forma, la música de Green Day ya no parecía necesaria e incluso se sentía obsoleta. Posiblemente por ello, sus siguientes trabajos -la trilogía Uno, Dos, Tré– fueron un regreso a sus raíces, dejando de lado la política.
No fue sino hasta 2016, siete años después de 21st Century Breakdown, que el espíritu de rebeldía regresó a la banda. Su décimosegundo álbum de estudio, Revolution Radio, llegó de una forma similar a Warning. Después de dos periodos de Obama, Billie Joe sintió de nuevo una nube negra acercándose a Estados Unidos en forma del narcisismo de las redes sociales y los tiroteos escolares, y decidió expresar su miedo a través de canciones. “El amanecer de las nuevas ondas para las redes antisociales”, dice el tema que le da nombre al disco, mientras advierte que aquellos que tienen su mismo temor no serán “vistos ni escuchados”.
Sin embargo, el disco está lejos de ser su mejor trabajo. Temas como Troubled Times hacen ver a la banda como una parodia de ellos mismos, con letras simples y poco desarrolladas. “¿De qué sirve el amor y la paz en la Tierra cuando son exclusivos?”, pregunta Armstrong con una línea que parece escrita por un preadolescente tratando de hacer algo similar a Blowing in the Wind de Bob Dylan. Aunque el espíritu de protesta está ahí, no parece evolucionar ni en la música ni en las letras.
En Saviors, lanzado poco antes de que Donald Trump comenzara su segundo mandato, se nota una ligera evolución, pero tracks como The American Dream is Killing Me evidencian que la banda se ha dedicado a entregar melodías simples para ser repetidos en coro fácilmente en sus conciertos. Posiblemente debido a esa accesibilidad y simpleza de su mensaje, Green Day aún tiene un impacto masivo al tocar las canciones que se volvieron en himnos de protesta, como Holiday o Minority, además de que aprovechan la plataforma de ataques directos a la actual administración. “No soy parte de la agenda MAGA”, dice Armstrong en una línea modificada de American Idiot, ante la cual decenas de miles de fanáticos reaccionan con gritos y puños elevados.
En cierta forma, Donald Trump representa todo lo que Green Day ha odiado, incluso desde antes de ser una banda política. Su falta de empatía, su narcisismo, su falsedad, su desprecio hacia las minorías tanto raciales como sexuales, su corrupción y su fama como agresor sexual conforman todo lo que el punk detesta. Y aunque la banda californiana tenga un elemento pop en su música, su postura y el contexto actual los hacen un representante ideal —y con más proyección— del enojo actual ante el ascenso posible de una dictadura protegida por un culto a la personalidad.
El hecho de que una de sus presentaciones en el evento masivo más visto en televisión en Estados Unidos despierte el enojo del poder ejecutivo dice bastante del impacto actual y duradero de sus canciones de protesta.


