Bad Bunny Super Bowl

Bad Bunny en el Super Bowl: 5 momentos para entender cómo conquistó la cima del pop mundial

En una década, Bad Bunny pasó de trabajar como cajero en un supermercado a convertirse en un fenómeno global con una aceptación casi unánime de la crítica, ¿cómo lo hizo?

El éxito de la carrera de Benito Martínez Ocasio, conocido mundialmente como Bad Bunny, podría resumirse en apenas siete días: el domingo pasado, se convirtió en el primer artista que gana el Grammy a Mejor Álbum por una producción completamente en español. Un domingo después, el puertorriqueño ofrecerá su único concierto de la gira DeBÍ TiRAR MáS FOToS en Estados Unidos continental en el Super Bowl, el mayor evento deportivo en la cultura estadounidense. Detrás de la semana más dulce en la carrera del puertorriqueño se oculta una década de trabajo, creatividad y mucho marketing, factores que marcaron su evolución como artista hasta crear un producto único. También resultaron decisivas las coyunturas políticas, como los dos periodos de Donald Trump al frente de Estados Unidos, las protestas que encendieron Puerto Rico en el verano de 2019 tras el paso del huracán María y hasta la crisis de salud global provocada por el nuevo coronavirus. Enumeramos cinco momentos clave para entender cómo se forjó el fenómeno Bad Bunny, sus orígenes y los pasos que marcaron su ascenso a la cima del pop mundial.

De SoundCloud a las listas de éxitos globales

Como muchos otros artistas de la segunda década del siglo, la música de Bad Bunny comenzó a difundirse a través de SoundCloud. En 2016, el artista de entonces 22 años experimentaba con el trap mientras dividía su tiempo entre la universidad y el trabajo en Vega Baja, una localidad en el extrarradio de San Juan. Diles y Soy Peor, sus primeros temas virales, llegaron a oídos de DJ Luian, un productor dueño de la compañía discográfica Hear This Music, que agrupaba a algunas de las caras más conocidas de la música urbana como J Balvin y Farruko.

La voz nasal y profunda de Bad Bunny saltó a la fama mundial a partir de una estrategia inusual: entre 2016 y 2018, antes de lanzar X100PRE, su primer álbum de estudio, su nombre ya figuraba en las listas de éxitos gracias a decenas de colaboraciones con artistas de distintos géneros. Mientras algunos conocieron su voz a partir de Mía con Drake, otros más lo hicieron de la mano de J Balvin con Si tu novio te deja sola, la primera colaboración entre ambos en 2017, o con I Like It de Cardi B. Para 2019, Bad Bunny lanzó sorpresivamente Oasis, un álbum colaborativo con J Balvin, que entonces fungía como el artista más visible del género urbano. Se trató del inicio de una carrera que no hizo más que escalar.

Las protestas del verano del ‘19

Dos años después de la catástrofe del huracán María que azotó a la isla en 2017 y la indiferente respuesta del gobierno de Trump, las condiciones estaban puestas para un gran estallido social en Puerto Rico. El catalizador del malestar social llegó en julio de 2019, cuando la filtración de un chat de Telegram del gobernador Ricardo Roselló con funcionarios de alto nivel expuso un entramado de corrupción, misoginia, homofobia y burlas a la situación de la isla. La indignación movilizó a decenas de miles a las calles de San Juan exigiendo la renuncia del gobernador.

 A las protestas masivas se unieron artistas boricuas como Residente, Ricky Martin (uno de los blancos de los mensajes homofóbicos del chat) y Bad Bunny, cuya presencia en San Juan rápidamente tomó tintes protagónicos: las imágenes de los tres montados en un camión mientras ondeaban banderas de Puerto Rico se repitieron en al menos dos marchas multitudinarias y funcionaron como un altavoz que amplificó el mensaje de las manifestaciones. El 17 de julio, una semana antes de la renuncia de Roselló, Bad Bunny y Residente lanzaron Afilando los cuchillos, una canción de protesta contra el gobernador y el contenido de sus chats. Para Benito, el movimiento del verano del ‘19 sirvió para presentar a sus incipientes seguidores a un Bad Bunny vocal, que ofrecía un primer asomo de sus convicciones más allá de las temáticas comunes del trap y el reggaetón, una constante que habría de definir su producción musical en los años posteriores.

La trilogía de la pandemia

El meteórico ascenso de Bad Bunny tampoco se podría entender sin la pandemia de covid-19 que puso al mundo en jaque a inicios de 2020. Mientras el virus hacía estragos en los sistemas de salud de todo el mundo y la humanidad asistía a uno de los momentos históricos más oscuros a nivel global en el último medio siglo, Benito pisó el acelerador. En un lapso de nueve meses, entre febrero y noviembre de 2020, Bad Bunny lanzó tres álbumes: YHLQMDLG, Las que no iban a salir y El último tour del mundo, un esfuerzo calificado por Rolling Stone como «un compromiso casi único por entretener a un planeta encerrado».

Sin demasiada advertencia, en un escenario mundial caótico donde ningún tema resultaba más prioritario que el desarrollo y los esfuerzos por atajar la crisis de salud global, Bad Bunny se convirtió en el primer artista de habla no inglesa en alcanzar el número uno en Spotify en 2020. El hito se repitió una vez más en 2021, un año de consolidación que mantuvo sus temas en lo más alto. No es exagerado decir que, para toda una generación, Bad Bunny se convirtió en el soundtrack que acompañó el encierro y encauzó el sentir de una mayoría centennial, todo a partir de un estilo honesto donde las letras alusivas al sexo explícito y las decepciones amorosas no se decoran con figuras poéticas, sino que se expresan con una naturalidad que se mezcla con jerga puertorriqueña y una voz nasal y profunda para crear un producto único. La diferencia esencial de Bad Bunny con el resto el reggaetón hecho hasta ahora radica en que todo lo anterior se desarrolla en sintonía con una sensibilidad propia de esta época, de modo que la hipersexualidad, los excesos y el perreo resultan siempre consecuentes con el consentimiento, el avance del feminismo y los derechos de las disidencias sexuales; y estos valores se plantan ante el machismo, denuncian la gentrificación y, en sus álbumes más recientes, exploran las raíces culturales caribeñas. 

Un verano sin ti: el reggaetón llega a los estadios

Mayo de 2022 trajo consigo el lanzamiento de Un verano sin ti, el quinto álbum de estudio de Bad Bunny. Se trata de una obra diferencial respecto a sus producciones anteriores, que parte de una línea rítmica de reggaetón para explorar otros ritmos caribeños (dembow, merengue, salsa) y sonidos acústicos regionales; una apuesta que le valió el reconocimiento casi unánime de la crítica por primera vez y sobre todo, proyectó una imagen inédita del artista: a partir de temas como El Apagón y el documental ‘Aquí vive gente’ a propósito de la gentrificación en Puerto Rico, Bad Bunny se desmarcó del reggaetonero de dicción pobre y autotune con las temáticas comunes del género, para situarse en otra esfera, la de un artista curioso que vuelve a sus orígenes sin abandonar su esencia.

Tras el éxito de Un verano sin ti, Bad Bunny se embarcó en World’s Hottest Tour, la primera gira mundial concebida para tocar reggaetón en estadios. El tour rompió los récords de recaudación en la historia de los eventos en vivo: a través de 81 conciertos, Bad Bunny vendió 2.4 millones de boletos, que se tradujeron en ingresos por 435 millones de dólares. 

No me quiero ir de aquí, la residencia en Puerto Rico

«¿Cómo Bad Bunny va a ser rey del pop con reggaetón y dembow?» repite el estribillo de NUEVAYoL, una declaración polémica que alcanzó tintes de verdad en enero de 2025 con el lanzamiento de DeBÍ TiRAR MáS FOToS, el sexto álbum de estudio de Bad Bunny. De manera unánime, la crítica se rindió ante la reivindicación de la cultura puertorriqueña, que al mismo tiempo que celebra la memoria y difunde masivamente ritmos afrocaribeños como la bomba y la plena, llama a vivir el presente mientras denuncia problemáticas como la gentrificación y se lamenta nostálgicamente de la diáspora que enfrenta la isla. Se trata de un triunfo total, tanto en reproducciones y ventas, como en la intención del artista de homenajear sus orígenes. Desde ya, toda la atmósfera que rodea al álbum está repleta de iconos: las dos sillas de plástico de la portada, el sapo concho como guía, la pava, los textos curatoriales del historiador Jorell Meléndez que acompañan el visualizador del disco y hasta la Casita, el escenario alterno inspirado en una vivienda típica de Puerto Rico sobre el que Benito interpreta los temas más enérgicos y bailables durante la gira.

Una semana después del lanzamiento, el artista anunció No me quiero ir de aquí, una residencia de 31 conciertos en Puerto Rico que, en consonancia con el espíritu reivindicativo del álbum, mantuvo políticas de primeras fechas reservadas únicamente para los locales y posteriormente se convirtió en un motor turístico para la isla. Tras la residencia, el inicio de la gira (que ya ha pasado por República Dominicana, Costa Rica, México, Chile, Perú y Colombia) confirmó el estatus de Bad Bunny como superestrella global y su habilidad para conjuntar en un solo concierto a una enorme orquesta de salsa, ritmos folcóricos como la plena y sus éxitos de fiesta, perreo y excesos cosechados durante la pandemia. Por si fuera poco, su decisión de no presentarse en Estados Unidos continental debido a las redadas migratorias del ICE encendió una polémica que creció cuando Apple Music y la NFL lo anunciaron como el artista encargado del espectáculo de medio tiempo del Super Bowl, levantando una expectativa inédita para un show visto por más de 130 millones de espectadores tan solo en Estados Unidos.

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