xoloitzcuintles

Xoloitzcuintle, el místico perro mexicano que escapó de la muerte

Los xoloitzcuintles fueron una de las razas más apreciadas en el México prehispánico. Además de acompañantes al Mictlan, se convirtieron en símbolo de resistencia tras la conquista.

De las tres razas de perro endémicas de nuestro país, el xoloitzcuintle es el más famoso de todos y no es para menos: su figura, al igual que la del ajolote, es casi un símbolo nacional que sobre todo aparece en fechas importantes como Día de Muertos o el 16 de septiembre. Pero más allá del peculiar e imponente aspecto de esta raza hay una historia de resistencia que nos hace quererla mucho más.

A pesar de ser un perro oficialmente mexicano, hay quienes sostienen que los ancestros del xoloitzcuintle están en Asia y que llegaron a América gracias a las migraciones de hace 3 mil 500 años. Por otro lado, hay especialistas que aseguran haber hallado restos de este animal en entierros que datan de hace 7 mil años. Lo cierto es que ambas versiones coinciden en que se trata de una raza cuyos rasgos característicos como la falta de pelo y la falta de premolares no han sufrido alteraciones desde hace más de dos mil años, cuando surgió a partir de una mutación genética espontánea.

La importancia del Xolo en Tenochtitlan y su (casi) extinción

Xoloitzcuintle
Foto: Milton Martínez / Secretaría de Cultura de la Ciudad de México. Vía Flickr.

Como muestra de lo anterior, podemos hablar de las menciones de cronistas novohispanos como Fray Bernardino de Sahagún que, en su Historia General de las Cosas de la Nueva España, explica que de todas las criaturas que convivían con los mexicas, el xoloiztcuintle era una de las que más llamó la atención de los conquistadores.:

Criaban en esta tierra unos perros sin pelo ninguno, lampiños. Y si algunos pelos tenían, eran muy pocos. Otros perrillos criaban, que llamaban xoloitzcuintli, que ningún pelo tenían. Y de noche abrigábanlos con mantas para dormir.

Sin embargo, una vez que los conquistadores españoles se dieron cuenta de la importancia espiritual e incluso medicinal que los mexicas le adjudicaban a sus perros comenzaron un movimiento que llevó a esta raza al borde de la extinción: decidieron usarlos como alimento.

Si bien su ingesta no era algo raro en Tenochtitlan, el hecho de que los españoles decidieran comer carne de xolos era tan sólo otra página de lo que hoy conocemos como conquista espiritual. Los mismos cronistas que documentaron la existencia de estos perros, hablan también de su uso ritual, tanto como acompañantes de los muertos para cruzar camino al Mictlan, como su papel como alimento sagrado, el cual sólo podía ser consumido en épocas especiales.

Por esta razón, los perros pelones que alguna vez sorprendieron a los exploradores europeos comenzaron a tomar un papel importante en las expediciones del nuevo mundo. Por supuesto, no como animal de compañía, sino más bien como una rica fuente de proteínas cuando los cerdos que habían traído de Europa comenzaban a escasear. Pero, ¿por qué comer perros cuando en el Valle de México, y más aún, en la cuenca del Lago de Texcoco pudieron haber cazado a cualquier otro animal?

La respuesta es sencilla: al ver que los habitantes de Tenochtitlan encontraban rasgos de espiritualidad en estas criaturas, su consumo era una forma de reafirmar la conquista espiritual que estaba sucediendo. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurrió con los templos y las esculturas religiosas de los mexicas, los xolos supieron burlar la extinción

El xoloitzcuintle como símbolo de la resistencia

Xoloitzcuintle
Foto: Milton Martínez / Secretaría de Cultura de la Ciudad de México. Vía Flickr.

Si algo distingue a esta raza es su notable inteligencia, la cual salió a relucir en cuanto comenzaron a ser consumidos con más regularidad que las fechas especiales para los mexicas. Hay quienes dicen que las familias que se resistieron a la conquista escaparon a las montañas de Oaxaca y Guerrero junto con sus perros; aunque también están aquellos que creen que los perros llegaron ahí por su cuenta y, escondidos en medio del bosque, lograron burlar la extinción. 

Fue el sentimiento de nacionalismo post-revolucionario el que trajo de vuelta al xoloitzcuintle que se volvió un símbolo de la tradición e identidad mexicana. Gracias a que artistas como Frida Kahlo, Diego Rivera y Rufino Tamayo tomaron a estos perros como mascota, su popularidad comenzó a crecer tanto que incluso fueron motivo de pinturas como El Abrazo de Amor de el Universo, la Tierra (México), Yo, Diego y el Señor Xólotl, de Kahlo y el resto, como todo lo que ocurre con esta raza ancestral, es historia.

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Diego Cera

Diego Cera

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