Bodas mayas en Cancún: apropiación cultural y negocio millonario

¿Vale la pena fomentar la industria del turismo de bodas a costa de tergiversar las tradiciones prehispánicas y de las comunidades mayas del presente?
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En materia de turismo, el Caribe es la carta de presentación de México al resto del mundo. Si las playas de oleaje suave y arena fina son un atractivo lo suficientemente poderoso para atraer al turismo internacional, la fascinación y el misterio con el que se presenta a la civilización maya al exterior hace de Quintana Roo un destino único que entre cultura y playa recibe más de 20 millones de visitantes al año.

No obstante, la explosión turística de Cancún, la Riviera Maya y sus alrededores no sólo acarrea ganancias para la actividad económica más importante del estado. En ocasiones, el turismo y la explotación de la cultura maya marchan en detrimento de sus tradiciones.

Un negocio en ascenso

 

Según datos del Consejo de Promoción Turística de Quintana Roo, en 2018 se realizaron 25 mil bodas turísticas en el estado: 14 mil únicamente en la Riviera Maya, el desarrollo que inició en la década de los 90 como un eje paralelo a Cancún, pensado como un destino de lujo con resorts todo incluido y parques temáticos a lo largo del litoral.

La idea de celebrar una boda original y apegada a la tradición de la cultura que se expandió por el sur de México y Centroamérica es explotada por operadores turísticos y empresas especializadas en la logística y planeación de bodas. Además, es impulsada por el Consejo de Promoción Turística de Quintana Roo en distintos esfuerzos: desde presentar en ferias internacionales el potencial de este destino para organizar eventos de esta naturaleza, hasta organizar concursos de fotografía de bodas.

El Consejo calcula que cada turista que viaja a la península como invitado o protagonista de una boda desembolsa el triple que un viajero convencional y pasa 3.2 noches en alguno de los destinos de playa que ofrece la entidad, como Holbox, Cancún, Cozumel, Tulum, Playa del Carmen o Mahahual. El costo medio oscila entre 8 y 10 mil pesos por persona, para eventos de menos de 100 invitados.

Apropiación cultural: la comercialización de la cultura maya

 

La investigación de Cristina Oehmichen-Bazán publicada en la Revista Cultura y Representaciones Sociales de la UNAM estudia el caso de la oferta de bodas mayas por Grupo Xcaret, empresa operadora de servicios turísticos, propietaria de ocho parques naturales y un hotel, que reciben en conjunto más de 6 millones de visitas al año:

“Los oficiantes y organizadores de tales rituales no necesariamente son originarios de la región: tampoco son mayas ni indígenas, sino una mezcla de promotores del New Age que utilizan algunas técnicas de sanación mesoamericanas, como el baño en temazcal (…) Estos practicantes se asemejan más a los neo-indios que analizan Galinier y Molinié (2013), cuya identidad se ancla en “… una autoctonía totalmente fantaseada” que forma parte de un movimiento de “indios autoproclamados” que se apropian del pasado indígena y lo resignifican en un contexto religioso y discursivo metropolitano y globalizado”.

Aunque decenas de empresas organizan bodas mayas en Cancún y la Riviera Maya, el producto final resulta heterogéneo en sus formas, pero coincide en ofrecer una ceremonia alternativa celebrada a orillas de la playa, cerca de un cenote, o en un paraje selvático, oficiada por un individuo presentado como especialista (Xamán en el caso de Grupo Xcaret) y dotada de exclusividad; sin embargo, la originalidad de estas ceremonias es puesta en tela de juicio por historiadores y antropólogos.

Autenticidad en vilo

 

Después de recibir preguntas sobre la naturaleza de las ceremonias mayas ofrecidas en toda la península, el perfil oficial de Divulgación Antropológica en Yucatán del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Facebook explicó que a pesar de la popularidad de los enlaces mayas, estos son parte de un grupo de experiencias comerciales que se incluyen en el turismo de bodas y carecen de autenticidad:

“Lo que vemos en sitios turísticos y otras locaciones alternativas como playas y cenotes, es tan heterogéneo que va desde personas extranjeras que se asumen como “chamanes mayas” (término que suele ser despectivo para las propias comunidades mayas) de otras regiones del país y/o locales (yucatecos) que con o sin conocimiento de la lengua maya las ofician, creando experiencias comerciales que denominan “maya”.

Además de poner en contexto que las ceremonias conocidas como bodas mayas tienen una raigambre católica (y si bien los antiguos mayas celebraban algún tipo de enlace, lo cierto es que las fuentes prehispánicas son escuetas en el tema y no aún no es posible dilucidar más sobre ellas), el perfil explicó que en las comunidades mayas, los H’Meeno’ob son la figura encargada de mantener aspectos cruciales de la identidad local que siguiendo la tradición, no lucran con su conocimiento:

“En la vida cotidiana de los mayas, existen especialistas religiosos encargados de velar, proteger y perpetuar aspectos de la identidad de sus comunidades, llamados H’Meeno’ob (J’Meeno’ob) y más o menos se traduce como “el que sabe porque sabe”. Encargados de conocimientos ancestrales, enfocados mayormente al campo, a la herbolaria y a otros aspectos muy íntimos de las comunidades, la forma de iniciarse es muy particular (sueños en su mayoría) y su deber no les permite lucrar con ese conocimiento porque en ese momento dejarían de ser lo que son”.

“Algunos (de quienes ofician estas ceremonias) tienen algo de conocimientos sobre los contextos etnográficos, otros carecen del mismo, hay maya hablantes que no son J’Meeno’ob e incluso hay gente con estudios de alguna disciplina antropológica que también se dedican a ello”, aseguró la cuenta.

A pesar de que la página de Divulgación Antropológica en Yucatán aseguró que su explicación únicamente responde a una pregunta común y no representa de ninguna forma un reclamo o rechazo a quienes realizan una actividad comercial como la descrita, cabe plantear una cuestión para la reflexión, toda vez que se trata de ceremonias descontextualizadas y reinsertadas en un contexto eminentemente comercial:

¿Vale la pena fomentar la industria del turismo de bodas a costa de tergiversar las tradiciones prehispánicas y de las comunidades mayas del presente?

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