Hombre performativo

¿Es Jacob Elordi el jefe final del hombre performativo?

El caso Jacob Elordi es ejemplar para que abordemos las raíces y problemas de este arquetipo, así como sus confusiones y consecuencias.

Toda este reflexión empezó hace unos cuantos días cuando veía una foto de Jacob Elordi caminando por algún aeropuerto —imagen entre miles que me hacen pensar que ese pobre sujeto vive en el aire—, usando un par de audífonos alámbricos que, de hecho, no estaban conectados a ningún dispositivo.

¿De qué era esto señal? ¿Acaso el actor de Euphoria sólo traía estos accesorios para esquivar a cualquier interlocutor en el lugar? ¿Éste resulta su método preferido para ignorar a prensa y fanáticos? ¿Es una táctica eficaz para disminuir el ruido apabullante de un sitio tan abarrotado como ése? ¿O —como muchos lo sugieren en redes sociales— es un accesorio que está allí por la estética? Un elemento que reafirma su apariencia, que complementa su figura y que pone las cerezas sobre un pastel hecho con intriga, estilo, profundidad, inteligencia y cultura.

Todo en Jacob Elordi es una mediación. Desde sus amplios bolsos de lujo y diseñador, pasando por prendas firmadas por Bottega Veneta, así como gorras que nos remiten al effortless chic de los 90, hasta la forma en que baja la mirada cuando detecta una cámara a su alrededor. Pero, venga; que aquí la pregunta es: ¿en quién no?

Estaríamos mintiendo al decir que muchos de los pasos y decisiones estilísticas de este hombre no se sienten extremadamente calculadas y finamente ejecutadas. Casi como si un guión se le hubiera entregado esa misma mañana con base en los lugares donde sería visto y abordado; encajando así, al dedillo, en el molde de lo que hoy conocemos como performative males. Basta con ver sus entrevistas, escuchar la cadencia de sus palabras, analizar los gestos que hace en eventos públicos y observar la manera en que habita las calles. Sin embargo, esto nos abre a bastantes dudas y caminos de discusión.

Primero, sobre la cuestión del género y quién podría realmente no ser performativo. Segundo, qué nos advierte la presencia de un personaje mediático como Elordi y cuáles pueden ser sus consecuencias en la cultura. Vayamos por partes.

¿Qué es un hombre performativo?

Jacob Elordi es un hombre performativo

El llamado performative male es un arquetipo del hombre contemporáneo que adopta estéticas cuidadas y muy específicas para parecer más sensible, progresista y, sobre todo, intelectualmente profundo.

Ante las narrativas del hombre deconstruido, las nuevas masculinidades y los ejercicios de una sociedad más diversa e incluso feminista, el surgimiento de este modelo ha sido más que evidente en sujetos del sexo masculino, independientemente de su orientación sexual. Y sí, Jacob Elordi es un ejemplo célebre de este fenómeno.

No obstante, este «espécimen cultural» se ha convertido en un problema y debate al ser identificado como un comportamiento falto de autenticidad. Un tipo cuyas acciones pueden ser más bien entendidas como una pantomima para conservar su validación en una sociedad, su control sobre comunidades cercanas y su acceso sencillo a relaciones románticas o sexuales. En pocas palabras, un hombre cualquiera tras bambalinas que sólo busca agradar y meterse en tu cama.

Pero…

¿Hay algún problema con el hombre performativo?

Matcha

Varios. Pero el que más nos atañe aquí tiene que ver con el marco teórico y los juicios que estamos arrojando sobre él. Principalmente, porque la sociedad –dentro y fuera del internet— está perdiendo de vista dos cosas importantísimas:

_ Que con esta crítica seguimos sosteniendo que hay comportamientos «naturales» para géneros específicos (y todo lo demás es un disfraz hasta que se pruebe lo contrario), y…

_ Que todos los géneros son performativos.

Al respecto del primer punto, lo que estamos diciendo es que si un hombre expresa ciertos gustos —libros, música, bebidas, prendas y hasta emociones— debe estar fingiendo. Pero ¿no era éste el cambio que estábamos pidiendo? ¿No perpetúa esto esto la idea de que hay «cosas de mujer» y «cosas de hombre»? ¿Cómo se puede comprobar la legitimidad de quién somos y cuáles son sus medidas?

En cuanto al segundo, estamos olvidando que el género es algo que se hace a diario con base en nuestra crianza, entorno social y educación. Tan performativo es un hombre que juega futbol y aplasta latas con la cabeza, como el que bebe un matcha en el café de la esquina, y aquella mujer que se pone pantalones para ir al trabajo.

El género en discusión

Judith Butler —filósofa— sostiene que el género no es algo que somos, sino algo que hacemos. No es una esencia innata que expresamos. No está en nosotros, sino en cómo actuamos. El género, así, se trata de una serie de acciones, comportamientos y elecciones repetidas que realizamos a lo largo del tiempo. A menudo, sin siquiera darnos cuenta.

Nuestras identidades están siempre en movimiento, siempre influenciadas por dónde estamos, con quién compartimos y lo que hemos aprendido a lo largo del camino. Todo siempre es un performance.

Al respecto, el sociólogo Erving Goffman, en su teoría dramatúrgica, decía que la vida social es esencialmente un escenario. Que todos usamos máscaras, determinamos cómo nos ven los demás y nos presentamos de forma diferente según el público y lo que esperamos lograr. Incluso en espacios de trabajo.

Entonces, el problema no es que algunos hombres actúen —ejem, ejem, Jacob Elordi—, porque todos lo hacemos. Es humano. El conflicto es que seguimos decidiendo qué actuaciones son reales o falsas, y cuáles son las consecuencias en la cultura pop de esas construcciones.

El caso Jacob Elordi

Jacob Elordi con libros en el aeropuerto

Entonces, cuando decimos «Es que Elordi simplemente está actuando», lo que a menudo queremos decir es «No está actuando la versión de masculinidad que nos suele parecer creíble».

Sin embargo, hay asuntos que debemos reflexionar muy puntualmente cuando vemos a este actor, especialmente en sus entrevistas y giras de promoción, y se comienzan a dibujar sus consecuencias en la cultura popular contemporánea. Porque sí, pareciera que Jacob Elordi es el final boss en este videojuego llamado Géneros 2026.

Partiendo de que el género siempre se representa, ¿qué deberíamos realmente cuestionar entonces de una celebridad como él y la manera en cómo se comunica? Para empezar, no el performance en sí, sino el propósito detrás de esto.

Lo que representa el actor puede que se convierta en el modelo contemporáneo del tipo atractivo. Ojo: que no estoy diciendo que debería serlo, sino que resulta simplemente una posibilidad. Pero en una pareja real debemos aprender a diferenciar si sus acciones están alineadas con lo que cree, lo que siente o lo que le importa; y no se trata solamente de una puesta en escena.

El asunto con el hombre performativo es que puede dominar las conversaciones sobre, por ejemplo, la igualdad de género o la inclusión, ahogando potencialmente las voces que dice apoyar. ¿Hasta dónde podemos establecer sus límites de participación, sin permitirles un extraprotagonismo sólo porque son aliados y personajes deconstruidos?

Conclusión

El punto final está en saber que existen hombres —y personas en general— que actúan para ganar influencia, conseguir pareja y parecer sensibles sin hacer en verdad un trabajo mental profundo. Si Jacob Elordi es uno de ellos o no pocas almas lo sabremos en este mundo. Pero lo que sí podemos afirmar es que una figura modélica como él está transformando lo que esperamos de un hombre o cómo es que debemos proyectarnos para ser uno que resulte atractivo, recapacitemos en ello o no. Y allí está el meollo del asunto. No podemos seguir metiendo a todos en la misma etiqueta de hombres performativos —aka: manipuladores— y reforzar precisamente aquello contra lo que decimos luchar.

¿Qué podemos hacer efectivamente? No detener el performance, porque todo ser humano está inmerso en uno, sino cuestionar para qué se está realizando, por qué y cómo es que se están aprendiendo las lecciones de un role model como el que hoy nos hizo preguntarnos tanto.

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